viernes, 29 de agosto de 2014

Depresión Post-Vacacional


Dicen que es un mito, que todo es psicológico pero os aseguro que es real y la estoy viviendo ahora mismo.

 Cuando sonó el despertador después de tres fantásticas semanas; en las que ya ni recordaba el sonido de éste, recordé todas las maldiciones del mundo, sabía que debía desperezarme, caminar hasta la ducha, sabiendo que el tiempo desde que suena mi enemigo hasta que supuestamente he de salir de casa es muy limitado, demasiado diría yo; pero intento dormir lo máximo posible.

 Pero sin pensarlo de un brinco salgo de la habitación y me encierro en el baño, dejo caer la ropa al suelo de cualquier manera y abro el grifo. Si tengo suerte, mi hijo no habrá cambiado de posición los mandos y no empaparé medio baño y sobretodo mi cara despertándome de golpe. Ya que mi querido costi (como lo llamaba mi abuelo; ¿Dónde está tu media costilla? Y se quedó hace muchos años en costi) en su día quiso comprarse un panel de ducha con varias posiciones efecto lluvia, efecto spa… una cutrada que yo no utilizo, pero que mi enano con solo cuatro años disfruta como un loco. En fin que me voy por los cerros de Úbeda.

Total salgo de la ducha sin ningún ápice de sueño a la vista, me desenredo el pelo, ¿Quién dijo, que suerte… que liso tienes el pelo? Y una leche, me peleo con el peine para quitar los nudos que se crean cada vez que me lo lavo y cuando a la vista no hay ninguno, me siento en el wc, o si, es lo menos glamuroso del mundo pero me niego a estar más de diez minutos de pie con la cabeza bocabajo, a riesgo de relajarme tanto y darme una leche contra el lavamanos.

Como el anuncio de pantene levanto la cabeza, mi cabello, suave y liso  la sigue. Me miro al espejo, termino de ponerme con los dedos la melena es su sitio y me voy a vestir.

 Ahora es cuando más me arrepiento de ir a trabajar, camisetas de escote descartadas (me encantan, sobre todo cuando me mira mi costi el escote, oh si lo reconozco disfruto sabiendo que se deleita con éste jajajaj) Pantalón de pinza o como mucho un chino básico, siempre funciona para ir decente y discreta. Miro el cajón pero nada me llama, levanto la camiseta miro la de debajo, la otra, la otra cuando me he dado cuenta de que he revuelto el cajón, pero no pienso ponerme a arreglarlo ya se hará cuando vuelva. Por fin mis ojos divisan una blanca con un escote abotonado que puedo cerrar mientras trabajo y en cuanto salga dejarlas al aire. Bien ya está todo, me visto en un minuto escaso me miro al espejo para comprobar que voy bien.

Y como rutina cojo las llaves del coche, compruebo llevar el dinero mínimo para desayunar y alguna urgencia, o en su caso la tarjeta del banco, me cuelgo el portátil en el hombro, acordándome de muchos mientras este desequilibra mi columna vertebral, y lo más importante del mundo mundial el móvil, sin él no soy nada, pero aún no he cogido todo cargada como una mula voy al baño cojo la ropa que dejé en el suelo y la cojo como puedo para llevarla al cubo de la ropa sucia que esta de camino a la salida.

Pues nada doy un casto beso en la mejilla a mi peque que casi despierto, y como lo haga mi costi sí que se va a enfadar, le doy otro a él, en los labios intentando molestarle lo máximo posible y comienza la carrera. Preparados listos ya…

Miro la hora y me he pasado diez minutos de la hora, nunca fallo… Así que no hay más remedio, bajo las escaleras lo más rápido posible, y cuando llego a la puerta de la calle intento recordar donde aparqué el coche, después de dos minutos de confusión, lo recuerdo arriba a la derecha (si si esta es nuestra forma de recordar donde está el coche) camino a toda prisa casi sin mirar a nadie, si veo algún vecino, un holaaaaa pasante al igual que mi cuerpo apenas pueden oír y ver.

 Pulso el mando y se abre el coche, dejo el portátil detrás de mi asiento, el bolso en el asiento del copiloto y mi móvil que no se ha movido de mi mano en ningún instante descansa en el hueco del salpicadero. Enciendo el coche meto primera y salgo mirando que no se cruce nadie y comencemos mal el día. Y como si el coche fuera el coche fantástico que tiene vida propia va solo, porque yo estoy pensando en mis cosas, normalmente en lo último que escribí anoche y en lo que continuará.

Sigo conduciendo escuchando los 40 principales, oh sí soy adicta a esa emisora, lo reconozco. Me adentro en el tráfico de la ronda (la autopista que va por la costa, para los que no son de Barcelona), que gracias a ser agosto el tráfico es fluido, apenas inexistente y un gritito salé de mi garganta, uno muy agudo y satisfactorio al saber que no voy a llegar tarde.  E intento acelerar para llegar al parquin de mi empresa.

 Aparco de una sola maniobra, y lo sé soy buena conduciendo, no necesito que nadie me lo diga, modestia aparte, rebusco en el bolso, mientras pongo el parasol, apago el coche, abro la puerta, me cuelgo el portátil, cojo el teléfono, cuelgo de mi cuello la tarjeta de personal, y la carrera continúa, aún he de pasar por el torno; supuestamente nadie lo mira pero no seré yo la que lo compruebe por llegar tarde.

 Saludo a todo el mundo que no dejan de repetir ¿Ya? ¿pero cuantos días has cogido? Y contesto tres semanas a desgana porque yo soy la primera que desearía estar en mi camita despertar con mi Colacao y escribir, o hacer lo que me venga en gana.

Cuando por fin logro llegar a mi mesa, dejo el bolso, el móvil, monto el portátil lo arranco y abro la aplicación de correo electrónico, mis ojos van a salirse de las cuencas, cuando me levanto hacia la máquina de café; el cual no me gusta, pero necesito respirar hondo para asumir que me esperan más de cuatrocientos emails sin leer, cada uno de ellos espera mi contestación, y en muchos de los asuntos la palabra urgente se repite.

Y que no es urgente después de tres semanas, vuelvo a mi sitio e intento que el día pase lo antes posible sintiéndome frustrada, porque no me ha tocado el euro millón y he tenido que volver al trabajo.

Esto es la depresión post-vacacional, la que aún perdura en la segunda semana de reincorporación laboral.
 
 
PD: Ahora viene cuando explico que es una parodia del primer día, y que nadie se sienta ofendido. Soy consciente de la situación de desempleo.